Una gélida y gris tarde de invierno Gabriela entró casi corriendo a la recepción de Radio Mitre, pidió por Antonio y aguardo en la vereda de la legendaria emisora porteña, segundos después el periodista más desorbitado que sorprendido trataba de tranquilizarla mientras esquivaba restos de papeles que volaban por todos lados. Eran los poemas cuya musa estaba totalmente fuera de sí. El prefacio de que no hay nada peor que una mujer despechada y engañada, se acababa de cumplir.
“Todo empezó en 1989 cuando a través del hermano de una amiga lo conocí, en ese momento Antonio era movilero de Radio Mitre y yo trabajaba en una Multinacional, teníamos casi treinta años”, cuenta Gabriela en su e-mail enviado a radiohistoriasdeamor@gmail.com.
El país se debatía en plena caída libre del gobierno alfonsinista, entre desbandes sociales, saqueos a supermercados y un invierno que congelaba los huesos, nuestra muchacha en cuestión no pensaba en nada más que su cronista radical: “Me llamó la atención su bohemia y con el extra de un reciente divorcio encima”, siguió en el relato de su historia.
Tiempo después Gabriela sabría que terminaron siendo tres los divorcios del periodista que encajaba bien en el molde de hombre de prensa, desde su forma de hablar, la vida cotidiana que llevaba, de bar en bar, sin horarios estrictos y su gran pasión que se repartía entre noticias y mujeres. “Según me recordó el mismo tiempo después, aunque ya no me acuerdo bien cuándo fue que me confeso eso de los divorcios”, dice Gabi.
Entonces llegó el momento en aquellos convulsionados meses del ’89, la primera salida fue casi de película, bien a tono con la vida de Antonio, un cronista antihéroe que no dejaba títere con cabeza o bien, muñeca con pollera.
“Una noche con diez botellitas de whisky chiquititas marca Criadores conversamos toda la noche, nos empezamos a gustar y a partir de ahí me invita a bailar a un boliche de Recoleta Snob, que ya no existe mas, lo que más sonaba era Banana Pueyrredón, bailamos toda la noche pero todavía no había pasado nada”, aclara.
Y así fue, con el cantautor de los ’80 de fondo, Gabriela y Antonio iniciaron el acercamiento de planetas, el choque estaba cerca, el cronista era un viejo lobo de mar y sabía que poseerla a Gabriela era sólo cuestión de tiempo.
La velada se coronaría como un filme romántico estadounidense con todos sus clichés, en plena madrugada un endemoniado temporal arreció a la Capital Federal.
La parejita inició el periplo para regresar a casa y Antonio como todo caballero casanova acompañó a Gabriela, pero en medio de la tormenta había otro gran problema, el medio de movilidad en una Buenos Aires, helada, lluviosa y desierta: “Todavía no había pasado nada, llovía muy fuerte y no conseguíamos taxi para volver”, recuerda casi como si no hubiesen pasado veintiún años de que aquella mágica vez.
Como si a esta historia no le faltaran íconos porteños, nuestros amantes en ciernes tuvieron que conformarse con tomar un colectivo, un bondi, diría un arrabalero moderno
y Antonio y Gabriela se treparon a un 60.
Nuestra chica al cabo confiesa en su e-mail, “yo le dije que nunca salí con alguien que no tenga auto y menos volver en colectivo, pero evidentemente eso me gusto mucho”.
De esa forma Antonio demuestra una vez más que los pingos se ven en la cancha y que por lo general las minas lindas, las chicas materiales, tarde o temprano se terminan yendo con un pibe de barrio, porque en el barrio es donde está la mística, donde levantarse una mina es casi un arte. Y el cronista en los aciagos fines de los ’80 sabía que ésa era una fórmula imbatible.
Esquivando charcos y bamboleándose de un lado al otro dentro del 60, Gabriela clavo la mirada en los zapatos guido que con sus dos flequitos en el empeine, tipo mocasín, le habían llamado la atención toda la velada. Ella, ataviada con un pantalón a rayas, cintura alta, con zapatitos de gamaza haciendo juego en negro y mostaza.
Estaban cerca del edificio de Gabriela y el movilero de Mitre se aprontaba como cada vez que salía al aire para la mítica radio, para el era justamente algo natural, innato, culminar el cortejo de una mujer era como mantenerse durante horas al aire relatando una manifestación, un tiroteo o una entrevista a un político.
“Llegamos a la puerta del edificio donde vivía y me dio el primer beso”, Antonio tenía definido el partido, lo había jugado y liquidado como lo planeo, pero la dama saco fuerzas propias de una mujer: “Le dije que no pensara en quedarse a dormir porque hasta la tercera cita no te doy bolilla.”.
Más claro, echarle agua como el aguacero de aquella memorable tormenta en la ciudad de Buenos Aires. El noviazgo tras ese choque de labios en el portal de Gabriela, comenzó y también los poemas que Antonio entre bar y bar escribía, en sus eternas esperas para entrevistar a funcionarios o en los largos viajes en colectivo y taxi que hacía para cumplir su labor cotidiana en la radio.
Pero todo se eclipso: “Salimos varios meses hasta que me enteré que me era infiel con una periodista de la Radio donde el trabajaba. Yo empecé a sospechar porque de ir todos los días a mi casa se empezó a borrar. La identidad de ella la conocí veinte años después”, cuenta Gabriela casi en el último párrafo de su misiva para esta sección.
El final llegó con esa gélida tarde invernal y ella rompiéndole en la cara los poemas de Antonio, sobre la acera de Radio Mitre.
Hace unos meses atrás vía la red social FACEBOOK y tras 21 años volvieron a cruzarse, el cronista además de tener más años, más kilos y menos cabello, acumula una importante lista de derrotas sentimentales. “Hay una posibilidad de volver a vernos”, advierte en tono esperanzador Gabriela para después despedirse en su epístola electrónica.
P/D: Tras la ruptura amorosa en el invierno del ’89 Gabriela regresó a Corrientes para trabajar y quedarse definitivamente en el seno de su familia natal.
viernes, 4 de junio de 2010
sábado, 29 de mayo de 2010
El amor existe y está en la Net
Cristina conoció a Pablo por medio de un foro muy popular, al menos hasta hace algunos añas atrás dicho lugar de encuentros virtuales generaba estragos y tenía muchos usuarios.
Chat Chaco-Corrientes, se llamaba donde chicos y chicas, incluyendo algunos del mismo sexo y con hormonas efervescentes, se internaban en las profundidades de las calles virtuales e indagaban sobre gustos y vida de sus prójimos.
Así las cosas, a Cristina le llamo la atención el nick de Pablo, “psicópata”, un joven metalero de ley que andaba por la vida escuchando cosas de Pantera Negra, Metálica y Sepultura, ataviado con ropa negra y desdichado con la existencia humana, por su propia condición de muchacho metálico pero además porque llevaba una herida de amor.
Nuestra protagonista bajo el seudónimo de su nick, “dulzura guión bajo corrientes”, logró llamar la atención de Pablo que apostado en un cyber, se acomodó los mechones largos de cabello un poco secos por la falta de buen trato, como lo ordena la condición de metalero, inicio una charla con Cristina que enseguida cautivó a los dos protagonistas.
Del foro interprovincial rápidamente pasaron al Chat privado de ambos, allí las cosas cada vez se ponían más de punta, en sentido literal y figurado, sin embargo Cristina mantenía en el más recóndito de los secretos su identidad, sobre todo la física ya que Pablo quería conocerla de cuerpo completo al cabo de un mes de largas conversaciones virtuales.
“El me contaba que se estaba recuperando de su ex novia, que la quería y hacia muchas cosas por ella, pero que lo abandono por otro. Pasaron unos días y me confesó que yo le gustaba y a mí también el me atraía; lo empecé a querer mucho y el siempre decía que no me quería lastimar y que teníamos que ir despacio y le conteste que no había problema y que siguiéramos en contacto por Chat”, cuenta Cris en el e- mail enviado a radiohistoriasdeamor@gmail.com.
Pero la muchacha en cuestión mantenía sus reservas, llena de miedo temiendo no colmar las expectativas de su cortejante, a pesar de todas esas cuestiones las conversaciones seguían a lo largo de noches y días, las horas pasaban volando cuando Cristina y Pablo se entregaban al amor con máquinas de por medio.
Al cabo de un mes de haberse conocido, finalmente Pablo logró citarla a Cristina en Corrientes, un lugar típico de enamorados donde el corazón más reacio puede ablandarse contemplando las mansas aguas del Río Paraná y allí se puede decir que empezó la historia de nuestros protagonistas.
“El me quería conocer en persona y le decía que no podía, siempre le daba excusas con mi trabajo que no podía pero tanto insistió que el 1º de octubre, un día domingo de 2007, me invito a tomar mate en la costanera a las seis de la tarde y le di la oportunidad. Tenía medio de no ser de su agrado, cuando llegue el me estaba esperando, nos presentamos y comenzamos a charlar y conocernos más. No lo podía creer, teníamos muchas cosas en común tanto en la música, en lo que pensamos y en las experiencias de vida que tuvimos en el pasado, tanto charlamos que tomamos unos cuatro termos de mate, había mucha química”, así relata Cristina el inicio de la relación
Pablo luego inició la rutina del noviazgo yéndola a buscar al trabajo, acompañándola a la casa y llevándole regalos, siempre le decía que el también tenía miedo de lastimarla o bien de salir él en esas condiciones ya que fue abandonado por una novia anterior a Cristina, pero los temores quedaron de lado aquella tarde primaveral y desde entonces están juntos, viven bajo el mismo techo.
Esta historia tiene final feliz comiendo perdices. Bien por ellos.-
P/D: Tras escuchar la historia en la radio (Total FM 104,1 sólo los viernes pasadas las 11:30), Pablo aclaró dos cosas: un día antes de conocerla a Cristina se cortó el cabello y actualmente sigue siendo “metalero”.-
Chat Chaco-Corrientes, se llamaba donde chicos y chicas, incluyendo algunos del mismo sexo y con hormonas efervescentes, se internaban en las profundidades de las calles virtuales e indagaban sobre gustos y vida de sus prójimos.
Así las cosas, a Cristina le llamo la atención el nick de Pablo, “psicópata”, un joven metalero de ley que andaba por la vida escuchando cosas de Pantera Negra, Metálica y Sepultura, ataviado con ropa negra y desdichado con la existencia humana, por su propia condición de muchacho metálico pero además porque llevaba una herida de amor.
Nuestra protagonista bajo el seudónimo de su nick, “dulzura guión bajo corrientes”, logró llamar la atención de Pablo que apostado en un cyber, se acomodó los mechones largos de cabello un poco secos por la falta de buen trato, como lo ordena la condición de metalero, inicio una charla con Cristina que enseguida cautivó a los dos protagonistas.
Del foro interprovincial rápidamente pasaron al Chat privado de ambos, allí las cosas cada vez se ponían más de punta, en sentido literal y figurado, sin embargo Cristina mantenía en el más recóndito de los secretos su identidad, sobre todo la física ya que Pablo quería conocerla de cuerpo completo al cabo de un mes de largas conversaciones virtuales.
“El me contaba que se estaba recuperando de su ex novia, que la quería y hacia muchas cosas por ella, pero que lo abandono por otro. Pasaron unos días y me confesó que yo le gustaba y a mí también el me atraía; lo empecé a querer mucho y el siempre decía que no me quería lastimar y que teníamos que ir despacio y le conteste que no había problema y que siguiéramos en contacto por Chat”, cuenta Cris en el e- mail enviado a radiohistoriasdeamor@gmail.com.
Pero la muchacha en cuestión mantenía sus reservas, llena de miedo temiendo no colmar las expectativas de su cortejante, a pesar de todas esas cuestiones las conversaciones seguían a lo largo de noches y días, las horas pasaban volando cuando Cristina y Pablo se entregaban al amor con máquinas de por medio.
Al cabo de un mes de haberse conocido, finalmente Pablo logró citarla a Cristina en Corrientes, un lugar típico de enamorados donde el corazón más reacio puede ablandarse contemplando las mansas aguas del Río Paraná y allí se puede decir que empezó la historia de nuestros protagonistas.
“El me quería conocer en persona y le decía que no podía, siempre le daba excusas con mi trabajo que no podía pero tanto insistió que el 1º de octubre, un día domingo de 2007, me invito a tomar mate en la costanera a las seis de la tarde y le di la oportunidad. Tenía medio de no ser de su agrado, cuando llegue el me estaba esperando, nos presentamos y comenzamos a charlar y conocernos más. No lo podía creer, teníamos muchas cosas en común tanto en la música, en lo que pensamos y en las experiencias de vida que tuvimos en el pasado, tanto charlamos que tomamos unos cuatro termos de mate, había mucha química”, así relata Cristina el inicio de la relación
Pablo luego inició la rutina del noviazgo yéndola a buscar al trabajo, acompañándola a la casa y llevándole regalos, siempre le decía que el también tenía miedo de lastimarla o bien de salir él en esas condiciones ya que fue abandonado por una novia anterior a Cristina, pero los temores quedaron de lado aquella tarde primaveral y desde entonces están juntos, viven bajo el mismo techo.
Esta historia tiene final feliz comiendo perdices. Bien por ellos.-
P/D: Tras escuchar la historia en la radio (Total FM 104,1 sólo los viernes pasadas las 11:30), Pablo aclaró dos cosas: un día antes de conocerla a Cristina se cortó el cabello y actualmente sigue siendo “metalero”.-
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